La Policía Nacional libera a una mujer explotada sexualmente gracias a una llamada



Policía Nacional  •         

Agentes de la Policía Nacional han detenido a una pareja rumana por trata de seres humanos con fines de explotación sexual y prostitución de una víctima en el polígono empresarial-colonia Marconi de Madrid. Ha sido detenida una pareja que, presuntamente, obligaba a la mujer liberada a entregar 500 euros diarios sin poder abandonar la prostitución hasta que no los consiguiera.

La víctima fue engañada por su propia hermana para que viniera a España a trabajar como camarera y tras llegar a Madrid fue encerrada, golpeada y amenazada para ejercer la prostitución. Gracias a una llamada al Servicio de Víctimas de Trata de Seres Humanos (900 10 50 90) la Policía Nacional pudo liberar a la víctima de su situación. En la operación han colaborado las autoridades rumanas y la Agregaduría de Rumanía en España

La investigación se inicia al recibir una llamada anónima al Servicio de Atención de Víctimas de Seres Humanos (900 10 50 90). Gracias a la información obtenida la Policía Nacional detuvo a una pareja rumana por trata de seres humanos con fines de explotación sexual, delitos relativos a la prostitución y detención ilegal y se recuperó la tarjeta de identidad de la víctima, que la pareja le tenía retenida.

Engañada por su propia hermana

La víctima fue engañada por su propia hermana para que viniera a España a trabajar como camarera, si bien cuando llegó a Madrid se percató del verdadero propósito de su viaje, al ser golpeada, amenazada y encerrada bajo llave para que se prostituyera en el polígono empresarial Colonia Marconi.

Los precios de los servicios sexuales –que no podían durar más de 10 minutos- eran entre 20 y 30 euros, lo que le exigían hacer un gran número de servicios para poder reunir los 500 euros diarios que debía entregar a los detenidos, pues hasta que no los consiguiera no podía abandonar la calle. 

Cada vez que terminaba un servicio debía llamar a los detenidos, quienes la controlaban constantemente y le impedían hablar con cualquier persona que no fueran sus clientes. Le instruyeron también para que dijera a la policía, en caso de que le preguntaran, que estaba allí por voluntad propia para mantener a su hija.