El actual ciclo de la violencia de género


Desde hace una década hasta la actualidad, la cifra estadística de mujeres asesinadas a manos de su pareja se contabiliza en un número de víctimas escalofriante y que suscita una reflexión y, por consiguiente, intentar prevenir este tipo de sucesos. 

La violencia de género, a pesar de lo difícil que puede parecer su erradicación, se podría paliar o disminuir el número de casos y evitar con ello la cantidad excesiva de muertes al año por este tipo de actos.

La violencia familiar se ha convertido actualmente en un problema social debido a la gran incidencia y gravedad de las secuelas físicas y morales producidas en la víctima. La familia es el foco de violencia más destacado en nuestra sociedad.

¿Cómo podemos prevenir la violencia de género?

En primer lugar, debemos partir de que se trata de una violencia ejercida en el núcleo más íntimo y privado de una persona, ya que los episodios de violencia y conflicto suele emerger dentro del propio domicilio.

Por tanto, la prevención a este tipo de situaciones, generalmente, sólo puede ser llevada a cabo por la víctima, en este caso, la mujer. Para ello se tiene que dar cuenta del problema y, desde el primer síntoma detectable de posible violencia –que más adelante detallaremos- debe ser capaz de frenar la situación y de que ésta no siga hacia delante.

En la mayoría de los casos, las víctimas suelen sentirse incapaces de escapar del control y abuso de sus agresores, entre otros aspectos, por estar sujetas a ellos por la fuerza física, por miedo al aislamiento social, por los vínculos económicos, etc.

No obstante, hay que sentirse fuerte y no dejarse llevar por este tipo de vinculaciones, sino saber decir “basta” y erradicar el problema. Pero, ¿cómo nos podemos dar cuenta de que una mujer está inmersa en un conflicto de tal envergadura?

En los casos de violencia de género hay siempre una característica común: el mantenimiento y cronicidad de los episodios violentos; es lo que se conoce como el ciclo de la violencia.

“Teoría circular de la violencia”

La violencia está compuesta por tres fases fundamentales y que, habitualmente, coinciden en todas las situaciones de violencia familiar. Es importante no dejar que este ciclo avance o se repita.

Es la propia mujer víctima quien tiene que darse cuenta de que se encuentra dentro del círculo de la violencia y salir de él en la mayor brevedad posible.

Primera fase: Es el periodo donde empieza a emerger la tensión en la pareja, es esa tensión que surge de los conflictos cotidianos. Si la víctima acepta las exigencias de su agresor se puede evitar o retrasar el maltrato; en cambio, si rechaza sus demandas o se enfrenta a ellas el maltrato se acelera.

Segunda fase: Se inicia cuando aparece la violencia física. En este caso, los agresores actúan como castigo ante la conducta de la mujer y le hacen ver que quien tiene el poder es el hombre y, en caso de no acatar sus exigencias o demandas, la violencia es la consecuencia del incumplimiento. En esta fase se produce la pérdida de control de la situación.

Tercera fase: Es la conocida como fase de arrepentimiento. El agresor se muestra arrepentido, se disculpa y se compromete a que no volverá a suceder. Promete tomar medidas para resolver la situación.

En esta última fase halla uno de los mayores problemas de la violencia de género. La mujer tiende a aceptar las disculpas y a creer en el arrepentimiento de su maltratador. De hecho, muchas veces lo perdona por miedo a no perder todas esas vinculaciones a las que hemos hecho mención con anterioridad.

Es entonces cuando se produce la llamada “Luna de miel”, consistente en volver a la primera fase; donde más pronto o más tarde volverá a desencadenarse un conflicto, que a su vez llevará a la segunda fase donde se producirá la violencia física y, finalmente, de nuevo la fase de arrepentimiento.

La mujer víctima de violencia de género se ve involucrada en este ciclo de violencia y es incapaz de darse cuenta de ello. Por tanto, la única manera de prevenir la violencia de género, principalmente, es frenar la situación desde el principio, sin que llegue a producirse la segunda fase.

En el caso de que aparezca la violencia, hay que luchar para no dar lugar a la tercera fase, es decir, el arrepentimiento y las disculpas. Es aconsejable acudir a profesionales que ayudarán a darse cuenta de las circunstancias en las que la víctima está viviendo para poder solucionar y atajar la situación.

Cuando uno está dentro de este círculo es complicado salir y, sobre todo, cuando acaba la tercera fase (arrepentimiento) y volvemos a empezar con la primera (conflicto) el tiempo de aparición de una fase a otra tarda menos en producirse y se aumenta en mayor medida la fase segunda, es decir, la violencia. Por tanto, no esperes más, denuncia la situación.

Estudiante de criminología

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